lunes, 30 de enero de 2012

Esta nuestra causa...






¿Casualidad o causalidad?
Ingenua, utópica, lunática o amalgama de todo ello...

Kammerer componiendo la serialidad de nuestras vidas,
Einstein manteniendo nuestros cuerpos unidos al mundo,
Lieserl dotando de incertidumbre los nodos del futuro,
Hume ofreciendo el empirismo de nuestro conocimiento.

Pero si la causa se cree escéptica, quién dotó de significado al escepticismo?
Si solo podemos confiar en el conocimiento que adquirimos mediante nuestras percepciones no es tan absurda la idea de la causalidad. Si se parte de que la razón precede al conocimiento y a veces conocemos algo sin haber pertenecido a su praxis, de dónde surge ese entendimiento?
De la propia razón. Y dónde se encuentra el origen de esta nuestra razón?

Conocemos aquello que ya hemos visto, palpado, escuchado, olido; en esencia, sentido...
Si no hemos practicado ese empirismo aquí y ahora y aún así gozamos de dicho conocimiento es porque; aunque nuestra memoria, tan plástica y desconocida, lo dejó en un estante olvidado; hemos formado parte de ese momento...







Gracias








Ciudadana del mundo.


jueves, 29 de diciembre de 2011

Juega en mi tablero


Porque me vuelvo loca,
inquietas giran las ruedas de mi bicicleta...
corro rumbo hacia tu boca
y vigilo que el tiempo no llegue a la meta.

Practico el juego para que salga bien,
ambos conocemos este tira-y-afloja...
pero una dama nunca se moja.

Hay tantas frutas prohibidas,
tantas conductas censuradas
encerrando la libertad de nuestros cuerpos,
deja que el mar las lleve lejos...

No finjas ser un gran hombre
si al amor no le pones nombre,
si la noche se hace corta y la vida larga.

Qué hay de malo en vivir así
si tu final siempre dependerá de ti,
la semilla un día crecerá,
y las ramas de tu árbol brotarán.

Por ahora disfruta, corre,
viaja, ríe y cae en la tentación
participa en mi tablero, juega con fuego...

Recorre mi mundo, traza un plano,
navega en mi marea,
desnuda mi cintura con tus manos,
prueba y deja que te vea...

Pero no olvides...las normas las pongo yo
y la única norma es no caer,
si tropiezas c'est fini.




Gracias.




Ciudadana del mundo.







martes, 15 de noviembre de 2011

Nos vemos en la azotea...





Habían pasado ya algunos años y la vida...cómo cambia la vida en unos pocos años.

De pronto Victoria se acordó de un lugar en lo alto de la ciudad al que no había ido nunca. Llevaba un tiempo conociendo a Lucas pero sabía que no debía desperdiciar ninguna idea que tuviese, por muy pronto que fuese.
No le dijo nada, le vendó los ojos y susurró:
-¿Te fías de mi?
- Siempre.
No quería creer en todo lo que él le contaba, hacía un tiempo había ido construyendo un pequeño muro en su interior, aquel muro que intentó derribar con todo su empeño en otro interior años antes.
Arrancó su Fiat 500 blanco de capota granate, por fin se había decidido a sacar el carnet de conducir el otoño pasado, y tomó rumbo a la parte baja de la ciudad.
Ayudó a Lucas a bajarse del coche, el pobre estaba algo mareado y desubicado, pero mostrada una sonrisa entre curiosa y pícara.
Lo dejó unos minutos esperando en el inmenso vestíbulo y pronto después lo tomó de la mano.
Bajaron del ascensor un piso antes del séptimo cielo y por fin habían llegado.
- Escalón, escalón, escalón...
- ¿Intentas empujarme desde lo alto de una azotea?
- Nunca se sabe, ya lo verás- Una suave risa salió del interior de Victoria.
Lucas retiró la venda de sus ojos...
- Impresionante- Sus pupilas se dilataron debido a la ínfima cantidad de luz.
- ¿Te gusta? Siempre quise saber cómo se verían los barcos en el muelle desde aquí.
- ¿Puedo contarte algo?
- Claro, soy toda oídos- y guiñó su ojo derecho.
- Sabía que algún día encontraría a alguien como tú, me sorprendes con algo nuevo cada día, me encanta cuando ríes y sueltas una suave carcajada, que me mires a los ojos cuando hablo, esa forma que tienes de contar historias y hacer que parezca estar en ellas, que te cuelgues de mi cuello cada vez que nos vemos, la manera tan graciosa en la que estornudas...
Victoria enmudeció, nadie la había descrito de aquella forma antes. Siempre había soñado con un hombre como Lucas, atento, decidido, con sueños cumplidos y otros muchos a alcanzar, romántico y pícaro a la vez, que la hiciese reír y lo más importante...que fuese capaz de descubrir y ver en ella lo que no habían conseguido vislumbrar antes.
Simplemente se dejó llevar y ante aquel increíble paisaje, bajo el frío invierno, se besaron...


Al otro lado de la azotea, separados por la cristalera opaca, se encontraban Andrea y Manuel, viviendo un momento semejante. Andrea aún llevaba la venda cubriendo sus ojos claros y nunca quiso deshacerse de ella...

Un pensamiento llegó movido por la suave brisa a dos de aquellas cuatro mentes que se encontraban en lo alto... Dime que tú tampoco te acordaste de mi en esa azotea y sabré que la historia no acabó por no ser el momento adecuado...






Gracias.







Ciudadana del mundo.